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Arte

Publicado el 23 de julio de 2015 | por asansan

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Taller de cocina: cocino, aprendo y me divierto.

Datos del Proyecto

Nombre del proyecto: Taller de cocina: cocino, aprendo y me divierto
Centro (donde se desarrolla la experiencia): CEIP Nuestra Señora de Europa
Localidad y provincia: Algeciras (Cádiz)
Nombre del docente que coordina el proyecto: Antonio Sánchez Sánchez
Estudiantes a los que va dirigido (nivel(es)/curso(s)): Alumnos de cuarto curso de Educación Primaria
Número de estudiantes: 9
Página web/blog del proyecto:
Enlaces de interés vinculados con el proyecto:

Descripción de la Experiencia

Este año es el primer año que mi centro se plantea la posibilidad de hacer un taller de Andalucía Profundiza. En un principio, íbamos a ser varios compañeros/as los que lleváramos a cabo varios grupos con diferentes temas, pero debido a la falta de tiempo y días disponibles, al final solo decidí organizar un taller, y ver cómo era aceptado por los niños y niñas del centro.

De entre los talleres pensados, me incliné en el taller de cocina, algo que el alumnado del centro conocía  a través de los distintos programas de televisión, pero que en realidad en casa, ningún hacia nada.

A través de este, no solo se podía trabajar hábitos de alimentación saludable, sino otros temas como podían ser la creatividad, las matemáticas, el diseño, la lengua, el conocimiento del medio, el compañerismo, el saber compartir, el trabajo en grupo, el trabajo bien hecho…

Una vez decidido, y aprovechando las instalaciones de nuestro centro, ya que tenemos comedor de gestión directa, nos vimos embarcados en este gran proyecto, y cada día más ilusionados, tanto por parte de los pequeñajos, las familias, como nosotros mismos.

Al empezar el primer día y verlos como unos minicheff, con sus delantales, sus gorros y preparados con ilusión y ganas por empezar a crear, todavía me daban más ganas de empezar a trabajar en este nuevo reto.

Al ser el primer año, me he inclinado por trabajar con ellos repostería, con dulces saludables, utilizando alimentos sin conservantes, ni colorantes. Dulces tradicionales de casa. Al mismo tiempo, se trabajará hábitos de higiene antes, durante y después de cada sesión, aprendiendo la importancia de una buena higiene tanto personal, como en la manipulación de alimentos y/o utensilios.

Han sido varias sesiones la que se han trabajado, donde cada alumno/a, se ha divertido al mismo tiempo que ha aprendido. Durante la primera sesión, cada niño/a, aprendió la importancia de una buena limpieza tanto de las manos, utensilios a utilizar, alimentos como del  medio que nos rodeaba. Al mismo tiempo, se aprendió a estructurar el tiempo para el desarrollo de cada sesión posterior, debiendo ser programada esta con anterioridad, al igual que la planificación y preparación de todos los ingredientes. Además, la importancia de ir recogiendo y limpiando aquello que fuese utilizado y que no se volvería a utilizar para mantener el orden y limpieza del espacio.

En la segunda sesión, una vez adquiridos los hábitos de limpieza, programamos la elaboración de una riquisimas trufas al aroma de vainilla y ron. Cada alumno/a, comenzó con su correspondiente higiene de manos utilizando un cepillo de uñas, agua y jabón, la colocación de su delantal y su correspondiente gorro. A continuación empezaron a preparar los diferentes utensilios a utilizar al igual que la receta manuscrita en un papel metido en su correspondiente funda de plástico para evitar manchas.

Una vez pesados y preparados los ingredientes, empezaron a seguir los pasos uno a uno en un clima de risas, compañerismo y juegos. Primero fueron incorporando los ingredientes, después fueron amasando y mientras la masa reposaba unos minutos en el congelador, ellos mismos decidieron ir recogiendo y fregando aquellos “cacharros” como ellos lo llamaron, que no iban a utilizar.

Durante el fregado y recogido, hubo algún comentario como ” en mi casa solo hace esto mi madre, porque los hombres no limpian” y los mismos niños/as empezaron un debate llegando a la conclusión de que tanto la cocina, como la limpieza etc lo puede hacer todo tipo de personas independientemente de su sexo, raza o edad.

Una vez pasado el tiempo de reposo, cada uno/a, se dispuso a darle forma a sus trufas, pasándolas posteriormente por fideos de chocolates y colocándolas en sus correspondientes bandejas. Una vez finalizada la elaboración de las mismas, se envolvieron las bandejas y se las llevaron a casa para degustarlas con sus padres y hermanos/as.

Me gustaría señalar, el buen clima de risas y compañerismo que se vivió durante la sesión, incluso salió de ellos mismos, el hacer algunas mas de sobra, para darlas al siguiente día a degustar a algunos compañeros/as de clase y maestros/as.

Antes de irse a casa, ayudaron a recoger toda la cocina, incluso algunos se ofrecieron para sacar la basura y cerrar la puerta.

Después de las dos primeras sesiones y la buena aceptación del alumnado, se planteó  seguir avanzando un poco más.

En la tercera sesión se realizaron una exquisitas torrijas de las abuelas bañadas en miel, y otras en ligero almíbar recubiertas de azúcar crujiente.

La sesión se empezó con la rutina de lavado de manos, preparación de materiales, ingredientes, etc. Lectura de la receta en voz alta, subrayado de aquellos pasos importantes a destacar para que no se olvidaran.

Cada uno de los niños y niñas, prepararon su pan para mojarlos en una leche aromatizada que se había preparado con antelación para que estuviera fría. Dejaron reposar para evitar el exceso de líquido, pasaron por su correspondiente huevo batido y la dejaron para que se pusieran más esponjosas durante unos minutos.

Después por turnos, para evitar riesgos innecesarios, fuimos friendo cada torrija (4 por niños/as) poniéndolas en papel absorbente para evitar el exceso de grasa. Mientras, el resto iba recogiendo, limpiando y fregando todo aquello que se había utilizado y no era necesario volver a utilizar. Del mismo modo, fueron preparando los diferentes ingredientes que iban a hacer falta después (miel, azúcar blanquilla y morena, agua, etc)

Una vez fritas todas la torrijas y preparada la miel y el almíbar, cada niño/a iba mojando con su correspondiente tenedor y cuchara, dos torrijas en miel y dos torrijas en almíbar.  Estás últimas rebozadas en una mezcla de azúcar blanca, morena y un poco de canela molida.

Se fueron colocando en bandejas de repostería y preparadas para su degustación en casa con su familia, no sin antes haber probado algunas entre ellos/as.

Una vez finalizado, ya sin decir nada, ellos mismos recogían la cocina, terminando con su correspondiente lavado de manos igual que se empezó, y retirando el delantal y gorro.

La cuarta sesión se planteó con un poco más de riesgo, por lo que el grado de atención tenia que ser mayor por parte de los alumnos. Se decidió junto con ellos, realizar una deliciosa mermelada de fresa al limón, explicando la importancia de utilizar alimentos naturales, en este caso fruta, para la elaboración de salsas, rellenos  y complementos de repostería.

Este día la utilización de cuchillos se hizo con especial cuidado, ya que cada niño/a, tuvo que limpiar y trocear las fresas, para su posterior cocción.

Por el riesgo de quemaduras, se decidió hacer la cocción en una única olla, por lo que todas las fresas troceadas se fueron depositando en la misma. Cada uno, peso sus fresas, y el azúcar. Como la proporción era la misma cantidad de fruta que de azúcar, pues de esta última se decidió hacer dos partes (una de blanquilla y otra de morena).

Una vez toda la fruta troceada en el fuego, se puso a fuego lento con el jugo de varios limones que ellos mismos habían exprimido, después con la ayuda de una banqueta se subieron para mover la mezcla por turnos con una gran cuchara de madera para evitar quemaduras.

Una vez resumida la fruta, se incorporó de forma individual el azúcar removiendo por turnos y dejando cocer a fuego lento hasta su total elaboración.

Mientras, el resto, recogía la cocina y preparaban los tarros que iban a utilizar para la conservación de la mermelada.

Una vez todo preparado, se decidió recortar varios trozos de papel de celofán y de cuerda, para el adorno de  los tarros.

Una vez finalizada la cocción, para evitar quemaduras, fui yo el que llenó los tarros los cerró y los puse boca abajo en un recipiente con agua, para eliminar el exceso de aire. Pasados unos minutos, cada niño/a cogió su tarro, colocó una pegatina en el tapón con la fecha de elaboración y le puso su correspondiente adorno y cuerda.

Dejamos un tarro en el frigorífico para utilizarlo posteriormente, llevándose cada uno un tarro a casa para degustarlo con familiares y amigos.

Se terminó la sesión con el recogido y limpieza de utensilios y cocina.

En la próxima entrada detallaré las últimas sesiones realizadas.

Créditos: Imagen de shutterstock

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